Porz de Sizer, Vallis Caroli, Karlestal, Irauzketa, Luzaide

El valle, el desfiladero, los estrechos pasajes que
la Canción de Roldán enmarcó entre altos montes,
inmensos y sombríos la vía milenaria de paso
hacia la península, se llama… .


I
Valcarlos. Sus orígenes.

          Ese paisaje sombrío, envuelto en desolación y misterio, que define la canción de gesta, tiene su mejor lugar de contemplación desde el collado de Ibañeta. Los relatos medievales denominaron al gran valle que se extiende hasta las tierras llanas francesas, Porz de Sizer, de Sícera o Ports Ciserei, los puertos en los que concluía el antiguo Pays de Cize. Valcarlos, en su extremo más alto, escarpado y agreste, era el escenario al que se recurría cuando había que detener el paso del invasor, que para eso "interpuso la naturaleza la inmensa pesadumbre y fragosidad del Pirineo ", escribió José de Moret en el siglo XVII. Los versos de la canción de gesta consideraban los puertos de Valcarlos como tierras yermas, y así se mantuvieron hasta entrado el siglo XIII porque nadie quería vivir en medio de una de las rutas más transitadas de la antigüedad, expuestos a toda suerte de depredaciones y asaltos. "Los barrancos del puerto de Cisa, el puerto de Ibañeta, la llanada de Roncesvalles y sus alrededores, fueron durante mucho tiempo lugares casi deshabitados " , anotó el erudito francés Gaston Paris.

Con el afianzamiento del Camino de Santiago desde el siglo XII, el valle empezaba a humanizarse con la presencia de algunos hospitales, meros monasteriolos que no eran mayores que una borda y que pronto serían absorbidos por la abadía de Leire y por la colegiata de Roncesvalles, algunos con nombres casi legendarios como Capeiron Roge y Caballo Blanco, ambos se supone que muy cerca de la embocadura del gran desfiladero. Fue a mediados del siglo XIII cuando empezaron a verse las primeras muestras de organización social con la instauración de un "lugar de vecinos del pueblo ", un "Irauzqueta" que no tardó en constituirse en parroquia de San Juan de Irauzqueta, que posteriormente pasó a serlo de Santiago merced al auge que iban adquiriendo las peregrinaciones. Surge entonces una primera población, el caserío de Elizaldea, "al lado de la iglesia ", que acabará convirtiéndose en la actual villa de Valcarlos, capital del término municipal que se extiende desde Arnéguy al collado de Ibañeta.

Aquellos primeros topónimos o se perdieron o fueron relegados algunos han sido recuperados y ubicados tal cual antaño. Otros no, como creemos que sucede con el que corresponde al nombre cooficial del municipio, Luzaide, que aunque no es anterior al siglo XIII hay quienes mantienen que se trata del genuino del valle. Su significado es "viento de angosturas " , por lo que parece indicar que era la referencia que se reservaba al gran desfiladero, la espectacular atea origen de las turbulencias que resecan la vegetación cimera de montes como el Guirizu o collados axiales como el Igalepo en la ruta de ascenso a Lepoeder. Aquellos nombres acabaron sucumbiendo ante el definitivo y universal de Valcarlos, cuyo origen se cree que está en el "Karlestal " mencionado en una traducción al alemán de la canción de gesta, de donde a su vez procede el "Vallis Caroli " que recoge el "Codex Calixtinus " en el siglo XII. Se ha pensado también que su origen es autóctono, impuesto por las primeras gentes del valle pero se hace difícil creer que fuesen capaces de transmitírselo a cronistas y peregrinos tan lejanos como Aymeric Picaud. Parte del confusionismo generado viene determinado porque menciones y alusiones provenían siempre de allende el Pirineo. No será hasta el siglo XVII cuando aparecen las primeras referencias desde Navarra, envueltas en mayor o menor grado en los ecos que dejaron las emboscadas carolingias. José de Moret decía que el valle era el espacio en el que "vuelve a quebrar la tierra en mucho mayor profundidad, abriendo los montes por los lados una canal en medio que corre derechamente por dos leguas españolas hasta Valcarlos, último lugar de Navarra. Es la Quebrada de los Vascones, donde sensiblemente quiebra el Pirineo y abre el paso más fácil y así el más frecuentado. " Idéntica perspectiva mostró en el siglo XIX el tantas veces citado diccionario geográfico de Pascual Madoz: "Los vascones, al ver a Carlomagno metido en el desfiladero, cayeron sobre su ejército, volcaron sobre él los peñascos de las cumbres que lo estrechaban y acorralaron su retaguardia... Valcarlos se halla situado en un barranco al descenso del Pirineo, hacia la parte de Francia. Tiene 128 casas divididas en los barrios de Gaiñecoleta, Gaindola, Elizaldea, Azoleta y Pecocheta. Comprende dentro de su circunferencia los montes de Altobiscar, Lindus y Adarza, cuyas cúspides están peladas y sus faldas pobladas de robles, castaños, cerezos y hayas. El terreno es montuoso y estéril. Lo atraviesa el río Valcarlos que se forma al pie de sus montañas. Tiene tres caminos de herradura que conducen a San Juan Pie de Puerto, a Roncesvalles y a Alduides, en mediano estado. "

Tampoco un intelectual como Arturo Campión, a caballo entre el siglo XIX y el XX, podía olvidarse de lo que significó el valle norpirenaico: Valcarlos es nombre histórico. Su dependencia del acontecimiento bélico de Roncesvalles es notoria. Indica el camino por donde pasó Carlomagno, y según la opinión común en Navarra, el paraje donde fue derrotado parte del ejército franco. " (Fantasía y Realidad, Pamplona,1972). Más realista que todos ellos fue José María Jimeno Jurío, a mediados del siglo XX, trazando las primeras anotaciones topográficas entremezcladas con los relatos medievales: Saliendo del núcleo urbano de Valcarlos se pasa por el angustioso estrechamiento de Gaindola, donde las montañas cortadas a pico y perdiéndose en el cielo, encañonan el camino y el torrente Valcarlos, cuyas aguas cristalinas corren por el fondo del abismo. Continua luego el formidable paisaje de La Reclusa, con las imponentes moles de pizarra gris del Mirachilota, al norte de Gañecoleta, combinadas con las praderas y los bosques verdes por Olaberri y los acantilados rocosos que parecen acechar peligrosamente al caminante desde lo alto de Chirrisquin, hasta salir a la fosa de Gorotsgaray, desde donde se contempla la hondonada cubierta de boscaje de hayas y la cima de Ibañeta señoreando desde el portillo el fabuloso paisaje."

          La vía natural de paso. El camino más transitado era el de Valcarlos. Había otros modos de cruzar el Pirineo a un lado y otro de Roncesvalles, pero el acceso de Valcarlos era el más natural desde la prehistoria, muchísimo más que lo que pudo haber sido el paso de Irún junto al mar. " El que pasa a Francia por la canal de Valcarlos es el paso ordinario" (Moret). Las crónicas medievales cuando referían que un pueblo, ejército o comitiva real atravesaba la región de Aquitania en dirección sur, era porque la intención era enfilar los valles contiguos de Arnéguy y Valcarlos y ascender la vertiente norte hasta el legendario "Monte Roncesvalles " , primera meta que llevaba a la otra gran frontera natural de la antigüedad, el río Ebro, donde unos y otros habrían de escoger las distintas direcciones que los repartía por suelo peninsular. Pero el paso por Valcarlos no siempre estuvo supeditado a las dificultades en los desplazamientos de pueblos y de ejércitos, a las intensas nevadas o al mal estado de los caminos anegados por las aguas de escorrentía. En varias ocasiones se convirtió en trágico destino de entrada y de salida para el invasor, que se topaba con los asaltos emboscados de quienes aprovechaban la disposición natural del entorno para enfrentarse a enemigos muy superiores. Angosturas, precipicios y montes escarpados proliferan en todo el trayecto, pero sólo una parte se prestó para la sorpresa. Ese ámbito va del desfiladero al collado de Ibañeta, y era recorrido por el único camino activo desde la antigüedad, utilizado por los celtas y por Carlomagno, y por los peregrinos desde el siglo XII. La ruta, apartada hoy de la carretera, se mantuvo alejada de la montaña que más concitó la atención de los historiadores, Astobizcar, pensando que desde sus empinadas laderas sobrevinieron los asaltos, pero los medios de lucha utilizados en los siglos VIII y IX habrían resultado ineficaces, no en cambio desde Ibañeta y el monte Guirizu.

 

      Los romanos, años antes de pisar Hispania en el 218 a.d.C., lo desconocían casi todo acerca de los Pirineos y del Ebro, craso error que provocó la partida impune desde la península de los ejércitos cartagineses de Aníbal y de su hermano Asdrúbal, este último probablemente por Roncesvalles, después de subir desde Jaén. Debían el desconocimiento a la inexactitud de las apreciaciones del geógrafo griego Strabón, convencido de que tanto la cordillera como el río tenían un trazado de norte a sur. Nunca había pisado Hispania. Aquella distorsión del suelo peninsular, cuando se trasladó al primer mapa, dio origen a la famosa piel de toro. Cuatro años después, en el 214 a.d.C., los romanos llegaban a tierras de la futura Navarra con datos firmes sobre su orientación, pero sin saber apenas nada acerca de los valles y montes por encima del paralelo de Pamplona, que desde un primer momento encuadraron en un impreciso como ambiguo "Saltus Pyreneus " , que no acabó de perfilarse hasta tanto las legiones no cruzan la cordillera en el 24 a.d.C., abierto el trazado de Roncesvalles, que unía la Tarraconense con la Aquitania recién sometida por el general Publio Craso. Los anales y crónicas del siglo IX que dieron cuenta por primera vez de las dos derrotas de ejércitos francos, seguían mencionando el Pyrenaei saltum " pero también el Pyrenaei wasconum" o Pirineo de los Vascones, algo más preciso por cuanto se relacionaba con el alto Valcarlos de "opacitas silvarum" los hayedos y robledales enmarcados entre altas laderas y hondos barrancos, que siguen impresionando a los peregrinos de los xacobeos que marchan monte arriba hacia el collado de Ibañeta.



II
La traición dejó
expedito el camino

          A comienzos del siglo V tiene lugar la movilización de los Bárbaros - suevos, alanos y vándalos-, que en pleno invierno del año 406 consiguen cruzar el Rin helado, rompiendo de ese modo el limes romano. Se ha calculado que pudieron ser hasta 300.000 entre hombres, mujeres y niños, la mayor parte suevos, que conducidos por unos 80.000 guerreros, arrasaron la Galia, avanzando decididos en dirección sur, hacia los Pirineos que tenían intención de cruzar para establecerse en la península ibérica. A finales del 407 alcanzaban los montes de la divisoria, y aunque es imposible determinar itinerarios, rutas y lugares de acceso, todo revela que se internaron por Valcarlos, la ruta habitual desde la prehistoria. No parecía que nadie pudiese intentar siquiera frenarlos después de recorrer triunfalmente extensos territorios, pero es histórico que Valcarlos y el puerto de Ibañeta estaban férreamente cerrados. Pasar a la península resultaba imposible y toda aquella gente tuvo que asentarse a orillas de los Nives, en tierras de la futura provincia francesa de Basse-Navarre. Dos años retenidos por impedírselo los hispanorromanos de Pamplona, que habían acudido al Pirineo con esa misión. Los hechos se conocen mal, pero se sabe que en la Cuenca de Pamplona vivían dos ricos patricios hermanos, Dídimus y Verinianus, dueños de extensas propiedades por la península, que mantenían con gran número de siervos, parte de los cuales acudieron a Roncesvalles. San Isidoro de Sevilla fue el primero que dio cuenta de las intenciones de los invasores en su "Historia de los Vándalos " : "Irrumpieron con ímpetu directamente hacia los Pirineos, donde los esperaban Didymum et Veranianum, romanos nobilísimos. " Julio Caro Baroja, el ilustre etnógrafo, mantuvo que el ayuntamiento de Barañáin, aledaño a Pamplona, debe su nombre al segundo de los hermanos, emparentados además con el emperador Honorio, de origen hispano. A él se dirigieron reclamándole ayuda en aquella angustiosa situación para Hispania, pero la respuesta que reciben fue una misiva de buenos propósitos destinada a la generalidad de pueblos de la península. Los hermanos siguieron adelante con su propósito. Obvio es admitir que la fuerza reunida no constituía un ejército, ni su número habría podido resistir un solo combate contra los miles de guerreros bárbaros. Tampoco hubieran podido las partidas de vascones que arremetieron contra la retaguardia carolingia al mando del conde Roldán. Pero sabían los pamploneses de comienzos del siglo V que había que tentar la suerte de los desfiladeros, lo único con que podían contar en aquellas circunstancias, y la falta de precedentes de un ataque en Valcarlos les otorgaba más méritos: "Los hermanos Didimo y Veriniano, apostados en las cumbres de Ibañeta, les cierran el paso con una hueste particular de siervos y colonos vascones " . (Joaquín Arbeloa).

Sostienen algunos historiadores que los bárbaros cruzaron en realidad por la vía romana transpirenaica, lo cual resulta inverosímil con miles de personas desplazándose entre parajes abruptos, expuestas a vientos gélidos y a extravíos, sin manantiales por ninguna parte, sin leña que cortar de bosques inexistentes y sin pastos para los animales. Tampoco los hermanos habrían podido recurrir a parajes desde los que frenar a aquella masa humana. Acaso la cara norte del puerto de Lepoeder, pero sólo parcialmente ante las opciones con que contaba el enemigo para recurrir a otros accesos próximos indefendibles. Los bárbaros si no se adentraron en la península durante dos años fue porque Valcarlos permanecía cortado, e intentarlo habría sido a costa de muchas vidas. Pero las cerraduras del Pirineo, como decía Moret, cedieron al fin en el otoño del 409 cuando Dídimo y Veriniano fueron sorprendidos por la espalda por tropas romanas usurpadoras, lo que demuestra que la vertiente cispirenaica que sube del enclave de Roncesvalles a Ibañeta fue siempre acceso fácil, corto y rápido, con un desnivel de algo más de cien metros, que hace que un caminante alcance el puerto en unos veinte minutos. La misma operación por la vertiente norte, desde la frontera de Arnéguy, a unos 20 kms., supone emplear buena parte de una jornada. La tragedia llegó desde Pamplona con el ejército usurpador que a la sazón se hallaba promoviendo la rebelión por el interior de la península. Las legiones habían dejado de existir en los primeros siglos de la era cristiana. Lo que había eran ejércitos que se nutrían de bárbaros federados, faltos de la lealtad, el valor y la abnegación de los legionarios. Los hechos capitalizados por los bárbaros que cruzan el Rin en el 406 dejaban al descubierto la debilidad del imperio de Honorio con sede en Rávena. Era la ocasión propicia que aprovechó entonces quien habría de convertirse en el más notorio de los usurpadores o tiranos, Constantino III, que alzado en armas desde Britania se proclama emperador, soñando con crear un pequeño imperio con Britania, Galia e Hispania. El usurpador cruza el "English Channel " y se adueña de la Galia, estableciendo su sede en Arles. Hay quien piensa que porque en Hispania consideraba Constantino que había muchos patricios emparentados con el legítimo emperador, es por lo que envía a su hijo Constante con el título de césar, acompañado del general Gerontius, un bárbaro que procedía de las legiones de Britania. "Habiéndose levantado en este tiempo el tirano Constantino en la Gran Bretaña y ocupado parte de las Galias, envió a su hijo Constante, transformado de monje en césar, a España con jueces y gobernadores de sus provincias y tropas de ciertos bárbaros que por haber tomado sueldo del emperador Honorio, llamaban honoríacos " (Moret).

No tardan en hacerse con toda la Tarraconense desde Zaragoza, donde Gerontius instala su cuartel general. Allí recibe la noticia de la marcha de los bárbaros hacia los pasos del Pirineo. Constante se desentiende y su general determina acudir al Pirineo, pero no para frenar a los invasores, sino para enfrentarse a los hermanos Dídimo y Veriniano, temiendo que por su parentesco con el emperador legítimo fuesen socorridos finalmente, poniendo en peligro el dominio de Constante en Hispania y el de Constantino en la Galia. Los hermanos son apresados y enviados a Arles, donde fueron ejecutados ante Constantino. Los bárbaros encontraron entonces el camino expedito. Nadie los pararía. Durante dos años asolaron la península desmantelando cualquier atisbo de reacción de la población hispanorromana. Pero Gerontius había actuado por su cuenta y riesgo. No tenía permiso para dejarlos pasar. Viendo que iba a ser destituido, o algo mucho peor, es cuando opta por rebelarse contra padre e hijo y proclama emperador de Hispania a un oscuro personaje, Máximo. Cruza el paso de Roncesvalles y se encamina a Arles, donde sitia durante varios meses a Constantino. Ante esa nueva situación interviene el legítimo Honorio, que sopesando lo peor entre lo peor, decide enviar sus tropas a Arles para aplastar a Geroncio, que es derrotado y que huye en dirección a Hispania, donde acaba suicidándose. Constantino, sitiado, se entregó a las tropas de Honorio al mando de Constancio, y es llevado a Rávena, donde es asesinado en el 411.


El duque visigodo
sobornado por los francos

          En el 541 aconteció otro hecho de gran importancia, también relacionado con el intento de impedir el paso a los invasores francos que, como Carlomagno siglos después, tras una campaña de depredaciones por tierras ribereñas del Ebro, se disponían a cruzar el Pirineo de Roncesvalles. Los reyes merovingios Childeberto y Clotario I, que eran hermanos, acompañados de tres hijos del primero, habían partido de la ciudad de Dax con un potente ejército en dirección al paso de Valcarlos. Nadie les impidió llegar a Pamplona, ni proseguir la marcha a Zaragoza, la ciudad que había que conquistar. La "Crónica Cesaraugustana " señalaba: "En este año (541), los reyes francos, en número de cinco, entraron en Hispania por Pamplona. Llegaron a Zaragoza y la sitiaron durante cuarenta y nueve días. "

Pero Zaragoza resistió y los francos optaron por extender los saqueos a toda la Tarraconense. Hay quien supuso que la interrupción del asalto a la ciudad se debió al hecho de tener noticia de que un ejército visigodo les había cerrado el paso del Pirineo. San Isidoro en su "Historia Gothorum" constató que los francos fueron perseguidos por los visigodos que envió expresamente el rey Teudis al mando del duque Teudiselo, pero más que persecución lo que debió haber fue lo único razonable en aquellas circunstancias: cerrarles el camino de salida en Valcarlos. Y así fue. Aquella fuerza de visigodos tomó posiciones en los desfiladeros con la ayuda excepcional de los vascones, sus acérrimos enemigos, acaso por suponer que de ese modo aminoraban la presión visigoda sobre sus territorios. Teudiselo les había cortado el paso a los francos, y estos, que vieron muy pronto lo que eso implicaba, optaron por intentar el soborno del frágil e indeciso Teudiselo, que aceptó, pero sólo para permitir el paso de unos cien mandos militares. El resto de la expedición fue aniquilada o apresada.


La emboscada
desbaratada a tiempo

          Entre el 806 y 812, los vascones se someten voluntariamente al emperador Carlomagno ante la presión de Amrus ibn Yusuf, gobernador de la Frontera Superior con sede en Tudela, la ciudad ribereña que había fundado cargo que desempeñaba en nombre del emir omeya de Córdoba, Al Hakam. Al cabo de aquel periodo, cansados una parte de los vascones de la dependencia ultrapirenaica, deciden rebelarse en Pamplona. Golpes y contragolpes, obediencias y desobediencias, iban a ser frecuentes según las circunstancias y los intereses de unos y otros. Las cosas cambiaban de un día para otro con una Pamplona que era amenazada desde Aquitania, pero que desde el 714 estaba sometida a los dictados de los emires, cuya fuerza era débil en zonas tan lejanas. Buena parte de navarros y pamploneses preferían continuar con los musulmanes que, al fin y al cabo, les dejaban hacer lo que quisiesen en tanto pagasen los impuestos. "En Pamplona unos eran partidarios de aceptar la protección carolingia, y otros de mantener y acatar los pactos acordados con el emir, lo que suponía el pago de tributos con el subsiguiente reconocimiento de su personalidad y autonomía" , escribió José María Lacarra. Desde el 778 había quienes preferían la intromisión del poder carolingio. El problema, según Jaime del Burgo, era "que unos y otros no eran capaces de permanecer mucho tiempo sosegados... Mientras navarros y pamploneses se acogían a la protección carolingia en el 806, los Banu Casi del Ebro habían de someterse a la obediencia del emir " . Menéndez Pidal aclaraba que "estos navarros que ahora suenan por primera vez en la historia no son sino una fracción particular de los vascones " , que desde comienzos del siglo IX empezaban a dejar de ser conocidos con la vieja denominación que debieron atribuirles los celtas, pues sabido es que se ignora como los vascones se llamaban a sí mismos. Los emires cordobeses, durante aquella centuria, conscientes de sus limitaciones en el control de la zona de Pamplona, hubieron de contar con la ayuda de la influyente estirpe de godos renegados, los Banu Qasi, sabiendo además que su poderío y arrojo los llevaría a hacer y deshacer en todo el valle del Ebro, unas veces fieles y obedientes y otras, las más, rebeldes y desafiantes colaborando con el sector de vascones que mandaban sus parientes los reyes Arista.

Las aceifas moras -campañas expedicionarias de escarmiento- se repetían una tras otra cada año, pero aun así resultaban de menor trascendencia que las provenientes de la Vasconia Citerior, que tenían marcada intencionalidad política. El año 812 fue de agravamiento de la situación en la Vasconia Ulterior, la futura Navarra, lo que provocó la presencia en Pamplona del propio rey de Aquitania, Ludovico Pío, que acudió al frente de un ejército con el propósito de restablecer el orden. "El rey Luis, después de haber apaciguado la revuelta de Gascuña, quiso asegurarse de la fidelidad de la gente de Navarra. Atravesó los montes y vino a Pamplona. Allí permaneció el tiempo que le pareció, tomando las medidas oportunas, hecho lo cual se volvió a marchar " , constató el Astrónomo Lemosín en la "Vita Hludowici Imperatoris " , escrita hacia el 840. Los Arista entonces se ven obligados a dejar el poder, que toma el delegado que trajo consigo el rey, Velasco el Gascón, el Balask al-Yalasqi que citan los relatos islámicos, que se convierte en nuevo señor de Pamplona hasta el 816. Aplacada la revuelta, el rey se dispone a emprender el regreso. Lo hace por donde había venido, por Valcarlos, "donde tuvieron lugar varios acontecimientos memorables " (Jimeno Jurío). Los vascones que le eran hostiles le habían preparado una emboscada en "el difícil paso del Pirineo en el que su padre había sido derrotado y en el que él a punto estuvo de serlo " (Sánchez Albornoz). El relato del Astrónomo es claro: "Al volver por los desfiladeros, los vascones nativos, siguiendo su natural y tradicional costumbre, intentaban tenderle una emboscada. Para defenderse de la natural y acostumbrada perfidia de aquella gente y evitar que no le sucediese un descalabro como el de su padre, cogió a las mujeres e hijos de aquellos montañeses, que ya se encontraban al acecho, y para que sirviera de escarmiento apresó e hizo ahorcar al primero que se acercó a desafiarlo " .

Aquellos hechos debieron de influir en Pamplona, cuyo gobierno profranco no parecía que fuese a perdurar mucho tiempo ante las presiones de los que preferían a los musulmanes. Estos, que no vieron con buenos ojos la intromisión de allende el Pirineo, decidieron mandar un ejército. La decisión la toma el emir Al Hakam, quien envía a Pamplona a su general Abd al-Karim ibn Mugayt, que actúa con contundencia durante trece días "hasta que los enemigos quedaron desbaratados y emprendieron la huida " . Velasco el Gascón huye y vuelven al poder los Arista: el primero de la enigmática dinastía, el que los historiadores suelen llamar "Iñigo " a secas o "Iñigo ¿Jiménez? " al desconocerse su patronímico, o uno de sus legendarios hijos, Iñigo Iñíguez o Fortún Iñíguez, que se muestran muy unidos a los Banu Qasi, ya dispuestos a intervenir en la siguiente gran emboscada de Valcarlos, la del 824, cuando "Ludovico Pío decide enviar a los condes Eblo y Aznar al sur del Pirineo para restablecer la autoridad imperial en tierras de Pamplona " .


Un conde en libertad,
el otro ejecutado

          Aquel año 824 entra por Valcarlos un ejército de Ludovico, reforzado con un número considerable de gascones, es decir, vascones de las regiones hoy vascofrancesas, como confirmaban los Annales Regios: "Eblus et Asinarius comitis cum copiis Wasconum ad Pampilonam missi " . Lacarra indicó que no había la menor duda de que se trataba de wascones colaboracionistas, que nunca por lo demás se había podido demostrar que hubiesen prestado ayuda a sus vecinos del sur en las emboscadas pirenaicas. La de aquel año iba a ser de consecuencias mucho más dramáticas que la del 778 contra Roldán, hasta el punto de sospecharse que pudo haber matanza total y absoluta. La entrada, como de costumbre, fue sin complicaciones. José de Moret: "Ludovico encargó a los condes don Eblo y don Aznar que, con ejército numeroso, atravesasen el Pirineo y pasasen a Pamplona. Habiéndolo juntado el ejército, atravesaron el Pirineo sin hallar resistencia que se lo estorbase " , y añadía no sin razón que "para los francos sus entradas siempre son felices y las retiradas desgraciadas " . La tragedia vino al regreso. "Con ejército arrebatadamente juntado, comenzaron a seguir las marchas de los condes, que ya comenzaban a entrar por el Pirineo con gran circunspección por la memoria de los riesgos pasados&hellip Los francos y vascones aquitanos, turbados con la impresión vehemente del acontecimiento, comenzaron a ceder y a perder el buen orden de los escuadrones... Los navarros, sintiendo el desaliento del enemigo, le habían ceñido de suerte con los escuadrones y cerrado tanto los pasos que era sin provecho la fuga... La matanza fue terrible aquel día&hellip Los condes Eblo y Aznar vinieron a manos de los vencedores " , concluye Moret.

Los relatos del siglo IX confirmaron emboscada y descalabro con la única intervención de "Hispani Wascones, Navarri et Pampilonensis " . Los Annales Regni Francorum h. el 829 decían: "Terminada la misión que los llevaba experimentaron la ordinaria perfidia del lugar y el genuino fraude de los habitantes. Rodeados por estos y destruido todo el ejército, cayeron en poder de sus enemigos " . La táctica era la misma, dejarlos pasar y "empeñarlos bien adentro en la quebrada, donde dificultosamente podrían revolverse " (Moret). El Astrónomo anotó que el ataque se desencadenó "in ipso Pyrenaei iugo " , es decir, en el mismo yugo pirenaico, que es lo mismo que decir Ibañeta. Nada tenía por qué ser distinto al 778, pero sí el desenlace, lo que confirma para los historiadores que hubo presencia efectiva de musulmanes Banu Qasi. Lo deducen después de descubrir que a uno de los condes lo dejen volver a su casa mientras que al otro lo envían a Córdoba para ser ejecutado. Annales Regni: "A Eblo lo enviaron a Córdoba para el rey de los sarracenos (Abderramán II), pero a Aznar, porque les tocaba en afinidad de sangre, lo perdonaron dejándole volver a su casa " . Claudio Sánchez Albornoz: "Los vascones insidiosos y terribles en el paso del Pirineo son siempre los montañeses , los hispanos y navarros . Los de Pamplona, lo mismo en el 778 que en el 812. Los que auxiliados por los sarracenos derrotaron en el 824 a los gascones de Eblo y Aznar... Derrotados por fuerzas aliadas de vascones libres y de renegados, entonces en buenas relaciones con el emir de Al-Ándalus " .


La nieve de Valcarlos
contra un reino

          El 982 debió de ser el año en el que el rey de Pamplona, Sancho Garcés II Abarca (970-994) parte hacia Roncesvalles y se adentra por tierras norpirenaicas con intención de socorrer a su cuñado el Duque de Gascuña, Guillermo Sánchez o Guillaume Sanche (960-999), cuyos dominios habían invadido los piratas normandos, derrotados al fin en la batalla de Taller, a unos 20 kms. al norte de Dax, ciudad en la vía romana y en el camino de Santiago. Otras fuentes sostienen que su intención no era ésa, sino hacerse con la región de Gascuña. Lo que importa resaltar ahora es que estando el rey en aquellas tierras recibe la mala noticia de que los musulmanes se acercaban a sus dominios por la parte oriental, probablemente desde Zaragoza. El rey y su gente se puso inmediatamente en camino hacia el paso de Valcarlos, pero no pudo alcanzar la cima del puerto. Nadie se lo impidió. Fue la meteorología adversa de aquella noche de otoño, la que dejó una copiosa nevada que cerró los caminos del valle. La caminata se hacía imposible, y los esfuerzos por apartar la nieve debieron de ser ímprobos, aunque la leyenda cuenta que se debió a las improvisadas abarcas. Quien mejor contó lo acaecido fue José de Moret, cuya larga cita bien vale la pena: "El regreso se lo había de estorbar el invierno, que iba ya entrando y cerrando los pasos del Pirineo..., arrojando una desmedida y muy extraordinaria copia de nieve de que miraban cubiertas todas las montañas que a no mucha distancia en torno la coronan. Pero daba en los ojos al ejército en la marcha la pesadumbre inmensa del Pirineo, que de las llanuras de Francia más despejadamente se registra, con el erizado ceño de tanta nieve que le oprimía y el espanto de haberlo de pasar.

Llegaron las tropas a la raíz de los puertos, y requiriendo el rey la disposición del paso por exploradores noticiosos del país, se halló del todo intratable el Pirineo con desmayo de todos, que daban por perdida la jornada. Mandado desmontar a los de a caballo, porque fuesen menos peligrosas las caídas a pie y que los caballos, aligerados de la carga, saliesen mejo, comenzaron a subir el puerto y a romper las nieves. Marchaba el ejército deshilado tomando muchas veces a tiento los caminos por estar cubiertos de nieve. Cayeron muchos en los profundos barrancos disimulados. Acabó de atravesar el rey el grueso del Pirineo, y recogiendo al ejército a la falda de él, en tierra ya más benigna, le dio algún descanso. "


La invasión francesa
que no pasó de Ibañeta

          Valcarlos aún no iba a cerrar su vieja leyenda de paso peligroso, arduo y lleno de vicisitudes. Se vio un día señalado, el 21 de marzo de 1684, que pudo ser de consecuencias nefastas para Navarra. En aquella ocasión los motivos y las razones nada tenían que ver con ataques emboscados. El escritor navarro Florencio Idoate, en "Rincones de la historia de Navarra " (1979), definió los hechos como "pequeño zarpazo " y "ligero amago" , pero no quita que pudo convertirse en el último "roncesvalles " de la historia de haber podido llegar a tiempo los 800 paisanos navarros a los que a la sazón se les encomendó la defensa de los pasos del Pirineo. Lo insólito fue que nadie en Navarra se percatase de que aquella mañana de marzo subía por Valcarlos hacia Ibañeta un ejército francés compuesto por 10.000 hombres, 6.000 de infantería y 4.000 de caballería, más otros 900 que permanecían en San Juan de Luz. Cuanto más porque, al igual que el rey navarro siglos atrás, se encontraron con muchas dificultades por la nieve caída durante la noche. La fuerza de conquista la mandaba el mariscal Bernardin Gigault Bellefonds (1630-1694), uno de los militares favoritos del rey de Francia Luis XIV, el Rey Sol, que acababa de declarar la guerra a España por las posesiones de Luxemburgo y los Países Bajos. Pocas semanas antes habían penetrado en tierras catalanas. Superaron los inconvenientes de la nieve y alcanzaron la cima de Ibañeta. Lo insólito fue que no pasasen del collado y que permaneciesen en él 24 horas cabales, a la espera de recibir órdenes, que una vez que llegaron fue para ordenar la retirada hacia Francia.

Con el enemigo ya encima de Roncesvalles, el Virrey Iñigo de Velandia informó inmediatamente a la Diputación: "La última noticia que acabo de recibir es de estar ocupado el puesto principal dentro de los límites del Reyno, en la ermita de San Salvador de Ybañeta. " Seguidamente se procedió a la "llamada a fuero " que tanto temían oír los habitantes de los valles pirenaicos de Esteríbar, Erro y Arce, los más cercanos, que los obligaba a acudir a la taponadura de los pasos fronterizos cuando amenazaba el francés. Y allá fueron "con la brevedad que pide tan peligroso accidente, sin tener tiempo para llevar provisión ninguna y habiendo sido los primeros que acudieron a la defensa de los pasos, no se les había socorrido con cosa alguna " , alegaron en la queja formulada a los pocos días a las autoridades. Se logró reunir una fuerza de 800 hombres, pero la prontitud no impidió que los franceses permaneciesen apostados en la línea de Ibañeta, el sitio que tenían que ocupar los navarros. El invasor se había anticipado y además tenía el camino expedito hasta Pamplona. Los paisanos evitaron la matanza general de haberse presentado en Roncesvalles aquel 21 de marzo. Nadie desde el lado sur de Ibañeta podía sobrevivir a un ataque de diez mil hombres con las posiciones tomadas. Lo que hubiera sucedido con seguridad no pareció importarle mucho a las autoridades estatales de Pamplona, dispuestas a sacrificarlos a todos. El llamamiento que cursan a Madrid lo deja bien claro: "Nuestro mayor desconsuelo es no tener las fuerzas correspondientes a nuestra voluntad y amor para sacrificarlas todas al servicio de V. M., como lo están nuestras vidas y haciendas, hasta derramar la última gota de nuestra sangre. "