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El Ubagua
de Riezu Es el río de aguas gélidas que nace de las entrañas de Andía en medio de un apacible vallecito. |
| En un extremo de Muez, capital del valle de Guesalaz, se halla la ermita de San Miguel, un lugar apropiado desde el que divisar la entalladura en la sierra de Andía que forman dos montes, el "Monte Primero" (636) y el "Monte de Riezu" o "Errezumendia" (609). Entre ellos se abre el vallecito que canaliza el Ubagua, el río que pasa por el pueblecito de Riezu y que se origina con arroyos de signo torrencial de incierta localización, procedentes del Erbioz, el barranco que desciende del entorno de Lezaun entre elevados escarpes tajados en las rocas calizas, merced al fenómeno cárstico, la epigénesis y la compleja red de fallas que fracturan la cara meridional de Andía. Pero es el agua que mana abundantemente en invierno por el popular nacedero lo que concita el atractivo de la visita al vallecito, no en vano arduo empeño es localizar los cursos altos de los ríos. A unos cien pasos de la ermita está la casa palaciana de Irigoyen de recios ventanales enrejados que rematan cruces de hierro, esa clase de vestigios de otros tiempos de fe más arraigada. Tres calles se dirigen hacia la plaza que preside la iglesia parroquial de Santa Eulalia, en cuyo muro meridional, a un lado de la vieja puerta de acceso, hoy cegada, puede admirarse un sillar tumbado con una borrosa inscripción en latín dedicada por un veterano de la Legión II Augusta a otro que murió en alguna batalla contra los bárbaros del inseguro limes del Rhin. Se llamaba Aemilius Ordunetsi, algún vascón de cierta notoriedad local que debió de ser recompensado con alguna concesión territorial, práctica frecuente entre los soldados veteranos, que llevó a la fundación de pequeños pueblos que habían de compartir vecindad con los nativos vascones, muchos de los cuales aún perduran. | |
| Muez se halla en un altozano sobre un paisaje de trigales, que salpican aquí y allá quejigos aislados, nogales a la vera de la carretera y los sotos que acompañan al río, donde se concentran las cuidadas huertas. Cuando el tiempo de los primeros caminos reales, por el pueblo pasaba el que se dirigía a Estella por la hoya que hoy ocupa el embalse y al que se le acababan de unir varios caminos menores de la parte oriental de Guesalaz. Partía de Muez por terrenos de Obancea y entraba en los del antiguo Señorío de Novar una vez que vadeaba el río Ubagua por el pequeño puente medieval de recios tajamares que aún aguantan firmes las fuertes crecidas. Ubagua es hidrónimo euskérico transmutado que deriva de un genuino "urbegui", que literalmente significa "sitio de agua", nombre descriptivo con el que tiempo ha la gente se refería a manantiales, nacederos o fuentes de ríos. No son pocos los elementos de la topografía que porque perdieron la relevancia que tuvieron, perduran desarraigados y sin significado en los mapas regionales y comarcales. Lo constatan, por ejemplo, los "lizarras" y "lizarragas", otrora apreciados fresnos y fresnedas para el ganado, que dieron lugar en algunos casos a poblaciones... Ubagua es a la vez río de corto curso, nueve kilómetros, y escasas menciones historiográficas que se remontan a mediados del siglo XIX. Una corresponde al diccionario de la Academia de la Historia, y confirma claramente la relación del hidrónimo con el entorno concreto en el que surge: "Nace en su término [el de Riezu] a un quarto de legua por el N. un arroyo. El sitio de su origen se dice Ivagua". La otra, del diccionario geográfico de Pascual Madoz, revela su etimología, pero traducida al castellano: "Lo atraviesa un río llamado Nacedero, que tiene su origen en la falda de la sierra de Andía, y tiene dos puentes." La descripción prueba la celeridad con que retrocedía el euskera de estas comarcas estellesas, en tanto la gente, ya por entonces, no comprendía que ambos términos significaban lo mismo. Pero muchas veces la intrascendencia de ríos, valles o montes, es sólo aparente pudiendo esconder ecos históricos relevantes. Es lo que pudo pasar probablemente con el modesto Ubagua a tenor de la descripción de José de Moret, el ilustre analista del Reino de Navarra, acerca de la batalla de Valdejunquera, cuando en la lejana fecha del 25 de julio del 920 le cupo ser línea separadora de moros y cristianos. "Asentaron los moros teniendo a sus espaldas y muy cerca un copioso arroyo de agua dulce y poco más abajo al río Salado que entra en él". Aquel amanecer, la aguerrida caballería al mando del gobernador de Tudela inició el ataque contra los reyes cristianos nada más cruzar el río e internarse en "un campo de más igual llanura y algún ensanche mayor, que por la copia de juncos que allí nacen llaman Valdejunquera" (Moret). La lucha había comenzado... | |
| Entre una verde alameda de árboles ribereños que recorre trigales y huertas, viene el Ubagua desde Riezu, el pueblo que en el siglo XVII aún formaba parte de una de las cuatro cendeas que se constituyeron en el valle, la de Arizaleta, que comprendía además los concejos de Iruñela y Lezaun. Una cendea era el mutuo acuerdo de cien hombres de una comunidad rural vecina, dispuestos a la defensa de casas, cultivos, ganados y leñas del monte. Riezu parece ser el topónimo más antiguo que se conoce de estos valles, documentado ya en 1027 como Arriezu y en 1055 como Arrioz, grafía ésta que podría estar relacionada con Arbioz, el nombre del barranco, que parece dejarse traducir por "bajo la roca", probable alusión al "Monte de Riezu", que desde antiguo debió de representar mucho para los lugareños por alguna razón desconocida. El acceso al pueblo arranca de la NA-700, la carretera que recorre Yerri y Guesalaz de parte a parte. No llega al kilómetro la distancia que antaño mediaba entre el "Camino que se ba a Novar" (1829) y el "Camino de Estella" (1707), hoy carretera NA-7140 que sube hasta Iturgoyen cruzando Riezu. Antaño, a ese pueblo se accedía desde Muez. La calle principal se llama Rochapea, que porque significa lo mismo, "pie de la roca" (de "rocher" en francés, como el puente del Arga en Pamplona), puede tomarse como una nueva referencia al monte citado. Desemboca en una anchurosa plaza que rodean casas blasonadas, y de ella parte la del Molino entre nogales centenarios hacia la plaza mayor que enmarcan notables edificaciones, como la iglesia parroquial de la Asunción, el palacio de los Remírez de Ganuza (s. XVII) y un severo torreón de factura medieval, hoy aprovechado como vivienda, que en otros parajes acabaron convirtiéndose en iglesias parroquiales con el añadido de naves y ábsides. Lezaun y Arguiñano son dos ejemplos claros. | |
| Madoz, al que siempre hay que citar por las pintorescas descripciones de unos pueblos que perdieron su vieja fisonomía, con aquel aire entre rural y naturalista que caracterizaba su diccionario, situaba a Riezu "al final de la garganta que forman los montes de Arizaleta e Iturgoyen, poblados de encinas, robles, hayas, bojes y otros arbustos", y a la vera del río, notorio por la "excelente calidad de sus aguas, que se utilizaban para beber y demás usos". Mencionaba también álamos y nogales, tan corpulentos seguramente como los que enmarcan el paseo de la Rochapea hasta el viejo molino de agrietados muros a las afueras del pueblo, conocido en el siglo XVII por "molino farinero". Hasta él solían venir las gentes de Arguiñano e Irujo por el "Zaldunbidea", el camino que cruzaba campos legendarios de la batalla de Valdejunquera. Aledaño al molino hay otro puente que otrora debió de ser de piedra y que hoy carece de importancia. Ahí arranca el camino del vallecito del Ubagua, ancho y pedregoso hasta culminar la suave cuesta que sale a un prado entre árboles de agradecida sombra en los rigores del verano. El río, que se remansa en una pequeña presa, deja ver claramente el lecho de cantos aplanados, que semejan una tosca calzada que baja de la montaña al valle. Un sauce de alto porte deja caer su desmelenado ramaje sobre el agua. Aliagas, zarzamoras, bojes, juncos e hileras de chopos ribereños, crean bellos efectos con los primeros rayos del sol. Las laderas, muy próximas una de la otra, empiezan a ser tomadas por el encinal, que pronto se convierte en bosque predominante. Los escarpes grisáceos y cuarteados del "Monte de Riezu" parece que van a desmoronarse sobre la ermita de San Blas, que ya se ve cercana, mientras los del "Monte Primero" son socavados pertinazmente por el río, aún torrente, que en un acusado quiebro se esfuerza por desarraigar una encina que descuelga su ramaje de orilla a orilla. | |
| El camino parece jugar a alejarse del agua. Cuesta arriba se dirige hacia una antigua central eléctrica, hoy vivienda, la única que puede verse en el entorno. Junto a ella, al otro lado del sendero, situada ligeramente en alto y agazapada bajo el roquedo, se halla la ermita de San Blas con su recoleto prado en el que ha crecido un árbol. Tiene un ventanuco enrejado y una sencilla puerta lateral a la que se accede por dos escalones. En el tejano hay una cruz de hierro y una veleta inmovilizada. Un letrero apenas legible constata el nombre, San Blas. El santo titular se guarda en la iglesia de Riezu. Pero tiempo hubo en que tan humilde fábrica fama tenía por quien moraba en ella hacia 1726, fray Jorge Martínez, general de los ermitaños navarros, que con empeño y tesón obtuvo autorización eclesiástica para que desde ella pudiese pedir limosna, privilegio que no siempre se concedía por los muchos abusos que traía... El fervor popular hace acto de presencia del modo más inesperado. Enclavada a unos metros del suelo, en la roca, una diminuta efigie en piedra arenisca de la Virgen con el Niño en brazos, tiene puesta la vista en el cielo. Es la Virgen del Rosario, presente en la mayoría de los retablos de las iglesias de los valles de Guesalaz y Yerri. Debajo, a la altura de los ojos del caminante, cuelga un tiesto con flores dedaleras, y ya en el suelo herboso, una tosca losa apoyada entre dos troncos parece querer remedar un sencillo altar... El camino, cuesta abajo, retorna a la compañía del río, silencioso y encalmado hasta que se hace estruendoso a su paso por otra represa que se parece a una concha vieira de los peregrinos. Río arriba emergen algunas isletas revestidas de flores de bellos colores azulados, que enmarcan los blanquecinos cantos al aire. Unos pasos más adelante se halla un pequeño puente de dos arcos, rehecho de mala manera al ser arrastrado el genuino por una riada. Por él iba el camino al "Monte Primero" y al pueblo de Arizaleta, y hasta él llegaba el de Iturgoyen, que hoy cruza entre piezas sembradas. Un grupo de enhiestos chopos, ruidosos cuando sopla el viento, enmarcan el paraje. Se observan las alambradas de espino que avisan de la presencia de una antigua facería que comparte ese concejo con Riezu, que hace la número 543 de las existentes en Navarra. Otra muy similar, la 544, se halla entre los cercanos pueblos de Lerate y Alloz. Las facerías las definía el Fuero Nuevo como "la servidumbre recíproca entre varias fincas de propiedad colectiva o privada". | |
| Helechos e hileras de juncos delatan la presencia de un manantial diminuto, que incapaz de verter al río, lo hace a lo largo del camino, que refulge con los primeros rayos del día. El paisaje del vallecito se ensancha. Ya asoman los elevados escarpes serranos. A unos 1.500 metros de Riezu y a una altitud de 510 m., se halla el nacedero. Una treintena de pasos lo separan del último y rudimentario puente que apenas puede encauzar el río en invierno. Seco éste en el estío, exhausto el acuífero de Andía, el caminante puede acceder a la gruta saltando entre piedras recubiertas de líquenes y musgos. No cabe esa posibilidad con otros cursos altos, que cuando no son arduas tentativas, son empeños imposibles, cual si persistiese un especial interés de la naturaleza por mantener el misterio del origen de las aguas terrenales, los lugares recónditos en que se forman. Las fuentes de los ríos, desde la remota antigüedad, simbolizan uno de los mitos más arraigados entre los seres humanos de todas las culturas, la unión de la madre tierra y del cielo, que envía a través de la montaña las aguas que habrán de canalizarse hasta el mar. La mitología de la ancestral y recóndita Navarra de valles pirenaicos, al igual que otras tierras del norte peninsular que experimentaron profundas influencias celtas, es muy posible que alguna vez emparejase los términos euskéricos "lur" y "ur" (tierra y agua), como supuso Julio Caro Baroja, y que les diese una significación concreta de signo desconocido, que ha llegado hasta hoy enmascarada en los ritos del Año Nuevo que siguen celebrándose en algunas comarcas, como parecen demostrar los versos que suelen recitarse por esas fechas de casa en casa: "Ur goiena, ur barrena / Urteberri eguan ona", referencia literal a "agua de arriba y agua de abajo"..., el agua de la lluvia que corre por arroyos y ríos... | |
| Andía es una elevada meseta constituida por sucesivos sinclinales que forman un sinclinorium, en cuyas zonas más deprimidas de margas permeables, compuestas por calizas y calcarenitas eocénicas, proliferan las simas y dolinas que sumen las aguas de lluvias y nieves, que descienden cientos de metros por esos terrenos porosos hasta detenerse en las margas marinas impermeables del cretácico superior, que constituyen los fondos de los valles de la Barranca, de las Améscoas, de Ollo y de Guesalaz y Yerri. Una pequeña parte de esa agua, aun filtrada, vierte en las depresiones superficiales de Urbasa y Andía al quedar retenida sobre capas impermeables de margas intermedias, pero en su inmensa mayoría desciende hasta llenar los acuíferos, cuyas dimensiones se calculan entre 80 y 100 kilómetros cuadrados, correspondiendo la captación mayor a las enormes dolinas del apartado entorno del valle de Zumbel. Una vez que los niveles se superan, el agua se libera con ímpetu por los nacederos, manantiales cársticos que se encuentran al ras de los profundos barrancos que caracterizan la cara meridional de Andía. El euskera antiguo reservaba para estas grutas el nombre de "arpeas", es decir, cavidades "al pie de las rocas", pero tratándose de manantiales la denominación apropiada es la de "urbegis". El Ubagua llega a alcanzar caudales máximos de 30 metros cúbicos por segundo. Sus aguas, tremendamente frías todo el año, hoy están reguladas por la Mancomunidad de Valdizarbe, que surte a los valles de Guesalaz y Yerri. De entre los nacederos que dependen de la sierra de Andía, el de más aforo es el de Arteta en el valle de Ollo. Existen otras surgencias por Echauri, además de los aportes subterráneos incuantificables que vierten en el río Araquil al paso por el puente de Asiáin, en la cendea de Olza. | |
| Hasta el último puentecillo próximo al nacedero el recorrido es un suave y agradable paseo por terreno llano. En ese punto el camino se divide. Uno, muy pedregoso, arranca cuesta arriba por encima de la boca del manantial, perdiéndose rápidamente por el monte encinal. Era antaño el que subía a Lezaun. El que hay que seguir cruza el puente nada más dejar atrás el poste que lo identifica como PR-NA-182 con un trazado de 3,3 arduos kilómetros, y se dirige entre alambradas hacia una cancela herrumbrosa bajo una encina de gruesas ramas zoomórficas, tras la cual se interna en parajes de pura vegetación mediterránea. Pero pronto llega su final no sin el asombro del caminante, que ve como se interrumpe ante el lecho seco del río, que deja al descubierto el áspero pedregal recubierto de líquenes y ramilletes de bellas flores rojas y verdes que se pierden en el primer recodo. Así permanece aun en época de intensas lluvias, lo que parece indicar que algo determinó el cambio de su curso, tal vez la formación de nuevas fracturas del terreno, que sumen las aguas en otra dirección... El camino, ya convertido en sendero de herradura, se reanuda en la otra orilla entre bojes y encinas enmascaradas por las hiedras que trepan enroscadas, reencontrándose poco más adelante con el cauce muerto, en un solitario paraje que sólo permite descubrir el cielo. Los farallones calizos, que llegan a alcanzar alturas de 250 metros, han ido dejando caer enormes peñascos por las honduras por las que corre un arroyo de arduo acceso que no se alcanza a ver, pero que se oye. El lugar se sitúa en pleno corazón del Erbioz, barranco o cañón que pertenece en su mayor parte al concejo de Riezu, salvo el extremo superior, que en forma de cuña se interna en terrenos del municipio de Lezaun, en donde hace acopio de aguas, a las que se suman las que vienen del barranco Inaroz, que se forma en el entorno de la cota 1.100 m. de Andía, muy cerca de la ermita de la Trinidad de Iturgoyen. Por los mapas se aprecia que el Erbioz tiene clara orientación NNW-SSE, como su gemelo el del Iranzu, y que como aquél constituye una entalladura excavada por las aguas de superficie en materiales calizos alterados por la existencia de fallas transversales que han provocado la formación de otras depresiones menores inaccesibles, coronadas por cornisas en que anidan colonias de buitres. | |