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| Sancho Garcés I | Ordoño II | Abderramán III | |||
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La empresa prometía ser ardua, por lo que la caballería debió de esperar al Emir, que se hallaba en Calahorra. Sancho desde Arnedo también se pone en marcha hacia Deio, acaso con el propósito de defender el enclave, pero viendo que el ejército del gobernador acampaba en Dachero o Dixarra, un paraje a orillas del Ega que mencionan las crónicas árabes, se lanza al asalto por el glacis del Montejurra, pero fracasa y se ve obligado a huir hacia los montes de la sierra de Andía, únicos que podían acogerlo en aquellas circunstancias. Al cabo de la jornada llega por fin Abderramán, que nada sabía de lo que había acontecido. Satisfecho, quizás, imaginando cercano el fin de su enemigo, muy distinto debió de ser su semblante nada más despuntar el día cuando recibe la noticia de que Ordoño había conseguido unir sus fuerzas a las de Sancho en el transcurso de las últimas horas. El leonés habría cabalgado por Álava hacia el valle de la Barranca, y por el de Zumbel, entre Urbasa y Andía, habría ido al encuentro de Sancho. El más que previsible asalto moro al castillo del Monjardín quedaría descartado ante lo más apremiante: perseguir a los cristianos, a los que encuentran finalmente en los valles de Guesalaz y Yerri, bien porque buscaron un lugar propicio para el combate o bien porque acabaron atrapados tras la férrea persecución. El día de la lucha llega el 26 de julio del 920. El Emir logra vencerlos, causándoles gran mortandad. Los reyes huyen, salvándose por los montes. Los musulmanes emplean tres días en destruir pueblos y cosechas de los valles, y retornando al Ebro, por la ruta de Atienza se presentan al cabo de unas semanas en Córdoba, portando cientos de cabezas cristianas que exhiben orgullosos. |
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