Aquellos caminos que
se dirigían a los valles

Malos y en regular estado, había constatado
Pascual Madoz en el siglo XIX, se han transformado
en una red de carreteras interrelacionadas,
que hacen de Guesalaz y Yerri los valles
mejor comunicados de Navarra.


Desde Pamplona
por el puerto de Echauri.


    Guesalaz y Yerri son dos de los valles navarros mejor comunicados, con entradas en todas direcciones, la principal desde Pamplona por Echauri, remontando el puerto de 5 kms. por el glacis de Sarbil, sembrado de gigantescos monolitos desprendidos, que culmina a 840 m. bajo la mole rocosa del Cabezón. Qué espléndida vista de la Cuenca de Pamplona con el Arga serpenteando camino del desfiladero de Belascoáin. El descenso, entre tupidos encinales que apenas dejan entrever algún sendero que antaño cruzaban lobos y hoy, jabalíes y zorros durante las solitarias noches, corresponde a las tierras más orientales de Guesalaz. El trazado es reciente; ni siquiera aprovechó algún viejo sendero que comunicase con Echauri. La apertura del Camino Real a Pamplona llegó a finales del siglo XIX, por lo que en tiempos de la francesada ni los "brigantes" de Espoz y Mina osaban cruzar. Ellos, repetidas veces lo hacían por el camino que por el Esparaz descendía a Vidaurreta.

El valle de Guesalaz desde el Este, desde Salinas de OroEl primer pueblecito es Muniáin, aislado sobre un suave altozano entre trigales, cuya terminación en "ain" delata el nombre de su fundador romano, Munio o Muño. La carretera, aún flanqueada por nogales sobrevivientes de la costumbre de antaño, pasa por Izurzu, pueblo ganadero cuyos senderos se pierden por los montes circundantes, y entre curva y curva alcanza el fondo del diapiro, que ocupan las eras salineras, blancas, recortadas en cuadrículas que se llenan con el agua que mana salada de unos manantiales. El río Salado que nace dulce en el monte abandona el lugar por una angosta foz hasta morir en el embalse de Alloz. Las moles de roca desenterradas por el empuje diapírico se elevan de entre los montes, cual la Peña Grande, cuyo barranco impresiona desde la perspectiva de Salinas de Oro, el antiguo concejo que se independizó del valle a finales del siglo XIX. Envuelto el entorno en misterio y leyendas, sigue sin poder determinarse dónde se hallaba aquel paraje conocido por Oro y el castillo que mencionó José de Moret en el siglo XVII. Las miradas se centran en varios cerros, pero nada ha podido determinarse. El paisaje abierto de Tierra Estella se deja ver ampliamente desde la ermita de San Juan y San Pablo, a la vera de la carretera. Lejano se distingue la silueta del Montejurra.


Desde Ollo y Goñi
por el puerto de Guembe.


    Desde puntos tan apartados como Irurzun, extremo oriental de la Barranca, se puede llegar también a Guesalaz. Pasada la foz de Oskía se accede por Anoz al valle diapírico de Ollo, desde donde se emprende la subida a las viejas Cinco Villas de Goñi, bien por el puerto de Ulzurrun a Azanza o bien por el de Arteta a Goñi. Ambas rutas se funden poco antes de Munárriz, último lugar habitado del alto valle instalado en la depresión oriental de Andía, y entre robles, encinas y enmarañados bojes viene el descenso por el gran cañón del Erragoz, impresionante desde cualquier perspectiva, hasta salir a Guembe, el recóndito pueblecito que se halla a menos de un kilómetro del de Vidaurre, que abre el paisaje a los trigales de Arguiñano e Irujo, otrora escenarios centrales de la batalla de Valdejunquera.


Desde la Barranca
por el puerto de Lizarraga.


    Yerri, Azcona y Peña AzanzaDesde Echarri-Aranaz o desde Arbizu, cruzando el valle de Ergoyena al pie del llamativo morro antropomorfo de San Donato, hay que remontar el glacis de Andía, que es puro paisaje atlántico de hayedos, y pasar al pie de los escarpes calizos que semejan gigantescas dentaduras descarnadas, para atravesar finalmente el túnel que sale a la Venta de Lizarraga, los primeros terrenos del municipio de Lezaun, hoy independiente de Yerri. Junto a la venta comienza un atrayente recorrido de 3 kms. hacia el O., hacia la ermita de San Adrián, protector de las tormentas, situada sobre el roquedo que se ha considerado que es la confluencia geológica exacta de Urbasa y Andía. Por las inmediaciones iba la vía romana que subía de Bacaicoa y que descendía hasta el puente de Lorca, donde enlazaba con la del Ebro a Pamplona. Esa tuvo que ser la ruta que tomó Sancho Garcés hacia 910 cuando la conquista del castillo del Monjardín, y en 920, el rey de León, Ordoño II cuando acudió en su ayuda en la batalla de Valdejunquera. Todavía pueden verse claras muestras de vía empedrada en magnífico estado, pero ya su origen no es obra de romanos, sino de constructores rurales del siglo XVIII, con mejoras militares del general Tomás Zumalacárregui.

La carretera NA-120, la segunda gran arteria de los Valles, deja la venta entre peladas laderas cercadas con toscos muros de piedras, que parecen contener retazos de encinas y espinos albares, que conforme se desciende van siendo sustituidos por corpulentas hayas que forman bosques de gran belleza; los hayedos siempre con ese halo de encantados. Ya se ven las ruinas de la vieja Venta de Zumbel y muy cerca, algunas casas del despoblado que había pertenecido al monasterio de Irache. Hasta esos parajes llegaba la Cañada Real de Tauste, cuyos rebaños se dispersaban hacia el monte por varios senderos. El entorno se hace valle despejado, aunque sin cursos de agua. Las huertas se extienden una tras otra, seguidas de rasos entreverados de encinas en los que pace el ganado vacuno de Lezaun, recio y cuidado pueblo de montaña por el que acceder al llano de Yerri tras sinuosa bajada hasta las Casetas de Ciriza, desolado medieval cuya iglesia parroquial es hoy solitaria ermita de Santa Catalina entre trigales. De no efectuar ese desvío, puede proseguirse hacia Estella por el barranco Erendazu, cual en tiempos la vía romana, hasta salir a Abárzuza, el primer concejo en independizarse del valle. Desde el pueblo parte la carretera que se dirige al monasterio de Iranzu, hasta salir a la espléndida explanada del viejo enclave religioso, que a su vez permite internarse hasta el corazón de Urbasa por el cañón de altas paredes por las que discurre el río homónimo, que se seca en verano.


Desde Puente la Reina
por el Alto de Guirguillano.


    En Puente la Reina, en la orilla derecha del Arga, se toma una carretera que se cruza con los peregrinos de Santiago que acaban de pasar el río por el viejo puente medieval. Es el camino de Artazu entre montes de pinares que apenas permiten distinguir la iglesia de Orendain, despoblado medieval.Yerri y el pueblo de Azcona con Montejurra al fondo En lo más alto del entorno asoma la de Soracoiz, desolado por donde iba el viejo camino de Mañeru a Arzoz, confundido por algunos con una calzada romana. La ruta avanza por terrenos del valle de Mañeru, sube hasta Guirguillano y dobla el puerto en el magnífico balcón sobre los valles de Yerri y Guesalaz. Las aguas del embalse, encalmadas, refulgen al atardecer con el sol a punto de meterse por Urbasa y Andía. Lejanas se recortan las familiares cumbres del Montejurra y Monjardín. El descenso, por solitaria carretera, se realiza entre trigales predominantes, choperas por los resecos arroyos, barrancos que aparecen y desaparecen y por los concejos de Muzqui y Esténoz, muy cerca del cauce salitroso del Salado sobre el que se alza el crucero del puente de Viguria.


Desde Estella
por Grocin y Zurucuáin.


    En Villatuerta, principal pueblo del valle de la Solana, que cruza de parte a parte el Camino de Santiago, hay una carretera local que remonta el curso del río Iranzu entre cuidadas huertas y parcelas con olivares y frutales, separadas unas de otras por pequeños ribazos. El acceso coincide con el antiguo camino que utilizaban los habitantes de los pueblos más occidentales de Yerri que se dirigían al mercado de Estella. Fue también ruta militar del general Concha, marqués del Duero, cuando la batalla de Muru, pero no como supuso José María Lacarra, del ejército de Abderramán III en la aceifa del 920, dado que las crónicas mencionaron que en el trayecto fueron atacados por los cristianos desde elevados montes, que no hay por esa parte del valle. El itinerario conduce finalmente a la NA-700, cerca de Murugarren, concejo en el lado occidental del valle.


Desde Estella
por Lácar y Alloz.


    Unos kilómetros más allá de Villatuerta hay nueva ocasión de acceder a los Valles. Al cabo de la cuesta que culmina en el desolado de Lorcatxipi, muy cerca de por donde entraba la cañada real de Tauste, arranca una estrecha carretera, recta en unos dos kilómetros, que deja a la espalda el Montesquinza y que se dirige a Lácar, concejo de Yerri fuera del ámbito geográfico, que figura en los anales militares como escenario de la aplastante derrota que infligió una columna carlista a un batallón liberal, sorprendido por la foz del Salado, hoy taponada por la presa del embalse. Viene enseguida Alloz, con el que ha de compartir iglesia parroquial en Santa María de Eguiarte, equidistante de ambos como indica el topónimo "sitio en medio". Tras él, y superada la cuesta de El Portillo, se entra en los Valles propiamente dichos. A un lado se ve el anchuroso trazado protegido de la cañada, que avanza por los campos del desolado de Montalbán, donde la recia casona del señorío aparece abandonada a la vera de la carretera. Una chopera que se mece los días de viento marca el curso del río Riezu, que viene de Abárzuza y del monasterio. Las casas de Arizala, capital de Yerri, y las de Ugar, se distinguen cerca.


Desde Estella o Pamplona
por el embalse de Alloz.


Guesalaz hacia el lado septentrional con los montes de Andía    Entre los pueblos de Cirauqui y Lorca, la N-111 cruza el río Salado camino de Mendigorría para unirse al Arga. Unos metros antes, pasado el km.33, está la carretera que siguen los peregrinos unos cientos de metros antes de desviarse hacia el puente más legendario del siglo XII en España. El puente en el que el célebre peregrino poitevino Aymeric Picaud advertía a los atribulados caminantes que tuviesen cuidado con los asaltantes que allí los esperaban armados con cuchillos, pero sobre todo con que no bebiesen el agua del río porque era mortífera. ¿Sólo porque eran saladas, la sal que aflora ahí mismo del Gatzaga? Por ese puente pasaba la vía romana, y por él tuvo que tomar Abderramán III la dirección de los escenarios de Valdejunquera. La carretera, paralela al Salado, apenas visible entre crecidos carrizales, sale a un espacio cerrado que preside el convento de Santa María de San José. Un primer desvío de la misma se dirige al puerto de Arradia, que preside desde un alto las ruinosa ermita de San Quiriaco, donde aparecieron restos romanos, y cruzando un profundo tajo del monte se accede a los términos de Irurre y Garisoain. Otro desvío lleva a los pueblos de Alloz y Lácar y el tercero, que bordea el convento, lo hace en dirección a ese remanso de paz y belleza que es el contraembalse de Alloz, en plena zona diapírica. Cruza por la base de la presa y sube el monte hasta el concejo de Lerate, hoy a la vera del embalse y antaño vía de paso de la ruta romana por Villanueva de Yerri.


Desde Estella a Yerri
por Murugarren o Abárzuza.


    Dos accesos a los Valles muy próximos uno del otro. Por la calle que parte de la capital de la merindad paralela al Ega se llega a una bifurcación. Una carretera se dirige a la Valdega, por donde iba el antiguo ferrocarril de Vitoria, y a las Améscoas y Urbasa, mientras que la otra, la NA-120, lo hace hacia el túnel de Lizarraga por Bearin, otro de los concejos extremos de Yerri. Tras doblar el pequeño puerto de Muru se entra en el término de Abárzuza; en los campos en que fue abatido de un disparo fortuito cuando ya no había combate el Marqués del Duero, cuya muerte recuerda un sencillo monumento a la vera de la carretera. Poco antes comienza la NA-700, principio o fin de la arteria que recorre los Valles, que pasa por Murugarren entre enmarañados encinales, y por Zabal, rodeado de cuidadas huertas. Los terrenos son los más llanos de Yerri. La vista de los Valles es magnífica desde esa perspectiva. Lo es también la que se capta de las lejanas tierras de Tierra Estella, sobre las que se alzan inconfundibles los picos del Montejurra y del Monjardín y los escarpes verticales de la sierra de Santiago de Lóquiz, blancos cuando los ilumina el sol.


Desde Olazagutía
por el puerto de Urbasa.


    Desde las proximidades de la muga de Navarra con Álava, en Olazagutía u Olazti, extremo del valle de la Burunda, arranca la carretera que sube a la sierra de Urbasa, la única que recorre enteramente los ancestrales ámbitos pastoriles, entre corpulentas hayas y rasos interminables en los que pace el ganado durante todo el año.El valle de Yerri y sierra de Andia desde el Oeste, desde Murugarren La ruta es moderna, no es histórica, aun tratándose de pastizales visitados desde la prehistoria, y se le atribuye su apertura al general Zumalacárregui cuando la guerra carlista. El descenso por la vertiente meridional se efectúa por parajes de gran belleza que permiten contemplar los descarnados escarpes del nacedero del Urederra que desemboca en el Ega. Se pasa por Zudaire, capital de la Améscoa Baja, y en dirección a Estella, se entra en Valdeallín al pie de la sierra de Lóquiz, del que se sale con el río por la foz de San Fausto, pasada la cual hay posibilidad a mano izquierda de acceder al recóndito subvalle de Eraul, el concejo más occidental de Yerri, que se cruza por su calle principal hasta doblar el portillo que preside una encina gigante de más de 500 años de edad, ya a la vista de Abárzuza.