| IV |
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| En el trampolín de cristal el arroyo lanza al río su silueta y su cantar. |
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Abderramán parte de Córdoba hacia la Frontera Superior |
| Medinaceli es ciudad situada en uno de los montes serranos del Sistema Ibérico, en la cuenca alta del río Jalón, uno de los principales afluentes del Ebro, al que se une tras atravesar un hondo y sinuoso desfiladero, uno de los más trascendentes de la península ibérica, utilizado desde la antigüedad como vía de paso a la Meseta de los pueblos indoeuropeos del siglo VIII a.d.C. -los protoceltas-, que cruzaron por los puertos pirenaicos de Roncesvalles y Somport. Por esos estrechos pasajes accedieron a Zaragoza en el 714 los conquistadores árabes Musá y Tariq, pero no lo hizo en cambio el Emir Abderramán III aquel verano del 920, que desde Medinaceli tomó la vía romana que por campos hoy sorianos llegaba hasta la histórica Osma, enclave al que accede el 6 de julio habiendo recorrido tres jornadas en una, lo que debió implicar tremendo esfuerzo. La urgencia de la marcha debía de acuciarlo, pero ¿a qué podía deberse tanto apresuramiento? Inmóviles los moros junto al Duero durante el día 7, se ponen en marcha al día siguiente, 8, que emplean en arrasar el feudo del conde castellano que mandaba en la comarca, cuyo nombre se ignora, el cual, días antes, había hecho saber al Emir su disposición a someterse a su autoridad a cambio de que respetase sus dominios, cual en su día el conde Casius. Oscura reacción que llevó a pensar a Joaquín Arbeloa que pudo tratarse de un arrebato independentista hacia Ordoño II, juntamente con la decisión de otros condes, también castellanos, de no acudir dos semanas después a la batalla de Valdejunquera en ayuda de su rey, entre los que estaba el de Osma. Mayor trascendencia tuvo que tener para el Emir la jornada del día 9 viéndose ante la fortaleza de San Esteban de Gormaz, que destruyó con especial encono como desquite por la tremenda derrota que tres años antes, en 917, en el mismo lugar, había infligido Ordoño a uno de sus ejércitos, a cuyo general al mando ejecutó, clavando además su cabeza en lo alto de una de las torres hasta verla podrida. No hay que descartar que fuese ésa y no otra la única razón de por qué el Emir no cruzó el desfiladero del Jalón en Medinaceli, gesto que, en cualquier caso, tuvo que suponer una considerable dilación en la misión que lo traía al Ebro, que pudo suponer el aniquilamiento del gobernador Banu Qasi que defendía Tudela a manos de Sancho Garcés. Las campañas de días siguientes se sucedieron con gran rapidez. Mientras una columna de caballería partió para atacar la lejana comarca de Burgos, que asola el día 10, el 11 las fuerzas que acompañaban al Emir hacían lo mismo con Clunia (Coruña del Conde), la vieja sede de convento jurídico romano. Allí permanecieron tres días cabales, hasta el 15 en que parten del Duero para el Ebro; el destino era la ciudad sitiada de Tudela. Larga y agotadora caminata de cinco jornadas por la "Iter XXVII" que venía de Astorga, habiendo tenido que cruzar los desolados rasos de Numancia y Renieblas hasta Muro de Ágreda, lugar al pie del Moncayo, donde enfilaron el valle del Queiles hasta Cascante y de ahí enseguida a Tudela, que alcanzan el día 19. Arib Ibn Saad lo constató con estas palabras: "Acudían (los cordobeses) a las llamadas de socorro de los musulmanes de Tudela, plaza fronteriza que el cristiano Sancho sitiaba estrechamente y abrumaba con sus ataques". El rey, viendo lo que se le avecinaba, no tuvo otra solución que abandonar el cerco y retroceder hasta Calahorra, plaza que aún mantenía en su poder de cuando la campaña expansionista del año 918. Consciente Sancho de la enorme temeridad que habría supuesto "afrontar el riesgo de una batalla campal en la llanura del Ebro", como apuntó Arbeloa, no sólo retrocede, sino que determina solicitar con urgencia la ayuda de su amigo Ordoño II, el combativo rey de León, educado de niño por los Banu Qasi, que por las fechas del sitio de Tudela debía de hallarse no muy lejos, por tierras de Nájera (La Rioja), supuso José María Lacarra, vigilante de las correrías musulmanas por las tierras altas del Duero. Pero algo hubo de acontecer, algo que se ignora, para que el leonés no pudiese reunirse con el pamplonés hasta pasados siete días, es decir, hasta la misma víspera de la batalla de Valdejunquera. "Sancho, hijo de García, al enterarse, avisó al rey Ordoño para que viniese a ayudarlo contra la hueste agarena, y el rey partió con un gran ejército", informó la crónica del obispo Sampiro. La jornada siguiente, la del 20, se desarrolló intramuros de Tudela. El día fue de tranquilidad para Abderramán y para el gobernador Banu Qasi, Muhammad Abd Allah. Juntos tramarían los planes inmediatos, preocupados sólo por lo que hiciese Sancho, ya que ignoraban que hubiese solicitado la ayuda de Ordoño, pero ésta no acababa de llegar, por lo que la incertidumbre del pamplonés iría en aumento. Desconocía el rey en verdad si los moros pretendían únicamente liberar Tudela o avanzar hasta el corazón del reino. (Ocurrió así en la aceifa de cuatro años después). Pero Sancho salió de dudas con el despuntar del día 21, no sin gran sorpresa viendo cómo de la ciudad sólo partía la avasalladora caballería al mando del propio gobernador. El Emir y el grueso del ejército permaneció en Tudela. Ibn Idari constató que Abderramán "mandó por delante con la caballería a Muhammad Ibn Lubb, gobernador de Tudela para atacar el castillo de Cárcar que había levantado Sancho para defender la región". Sancho ignoraba los propósitos últimos de la caballería; supo enseguida, sí, que se dirigía hacia el lugar en que se hallaba, Calahorra, que hubo de abandonar inmediatamente como constató Ibn Idari: "La llegada inopinada de nuestras tropas hizo abandonar estos lugares al cristiano, y todo lo que allí había cayó en nuestras manos". Horas más tarde llegaba a la plaza el mismo Emir acompañado de la retaguardia; en ella permaneció dos días, que empleó en arrasar campos y cosechas. Sancho huye entonces hacia Arnedo, último refugio que le quedaba en el Ebro, mientras la caballería iba ya camino del gran río con dirección al enclave de Cárcar. El rey seguía ignorando qué se proponía el gobernador al mando. |
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