III
En la terraza del río
las espumas fingen danzas
con los arroyos caídos.
 
PUENTE VIEJO DE LORCA El País de Deio, convertido
en la Merindad de las Tierras
de Estella

                esde el siglo XIII a hoy, los valles de pie de Andía y de Urbasa y los que se enmarcan en la cuenca del Ega medio y bajo, "constituían una próspera zona con notables excedentes de producción cerealícola y vitícola, atraídos sin duda por los mercados de los nuevos núcleos urbanos", escribió Ángel Martín Duque, historiador y profesor de la Universidad de Navarra. El centro de las transacciones comerciales era Estella, la ciudad que desde el siglo XV empezaba a dejar como primera fuente de riqueza las peregrinaciones, para pasar a convertirse en cabeza comarcal, con todas las prerrogativas que le concedía ser Merindad de las Tierras de Estella, hasta su disgregación territorial en valles administrativos independientes, algunos tan recónditos como el de Lana, limítrofe con Álava. La comarca, que iba del Ega al Arga y hasta el Ebro, de límites imprecisos históricos, experimentó un intenso proceso de romanización, con perfiles bien diferenciados una vez que los primitivos vascones habían pasado a llamarse navarros. Las poblaciones a pie de sierra, cual Muez, Arguiñano e Iturgoyen, que vieron de cerca la batalla de Valdejunquera, subsistieron desde antiguo merced a los aprovechamientos de los montes de Andía, considerados desde antiguo montes realengos. Otras localidades más apartadas, asentadas en las tierras llanas aledañas a los ríos, como Villatuerta, Arróniz, Oteiza de la Solana, etc., aunque relacionadas también con el pastoreo, habían de convertirse en comunidades agrícolas. Unas y otras poblaciones conocieron una agrupación temprana, que debió mantener cierta unidad administrativa bajo la denominación de Degius, Deio, Degio o Terram Degense, oscuras variantes latinas perdidas en los albores medievales, hasta su reaparición en el siglo XIII como "Deyerri", una comarca imprecisa, aledaña a la Berrueza, que figuraba en el "Prólogo del Fuero Antiguo de Navarra" como uno de los espacios que permanecieron a salvo de la conquista musulmana, juntamente con los lejanos valles de Baztán, Salazar y Roncal.

En el siglo XV, Carlos, el Príncipe de Viana que nunca fue rey, en su "Crónica de los reyes de Navarra", determina no sin asombro de historiadores y eruditos que el "Deyerri" que citaba el "Fuero Antiguo" formaba parte de una unidad geográfica mayor, "Navarra", en la que fijó el núcleo genuino del reino: "E llámase la antigua Navarra estas tierras: son a saber, las cinco villas de Goñi, de Yerri, Valdelana, Améscoa, Valdegabol, de Campezo e la Berrueza e Ocharan…". Aquello llevó a un José Yanguas y Miranda a conjeturar: "Tomando la voz nava y uniéndola a Yerri podría haberse llamado Navayerri al valle de Yerri, y después por contracción Navaerri, para llegar finalmente a Navarra". Julio Caro Baroja, más realista, dedujo: "Val de Yerri debió de ser antes Deierri o Deio erri, un país de Deio o Degius", nombre este último que supuso que podría corresponder a un influyente terrateniente romano o "possessor", es decir, un personaje que empezaría mandando en una zona muy concreta y que acabase extendiendo su antropónimo a toda la ribera del Ega. De aquel amplio territorio hay que convenir que sólo perdura el valle de Yerri, a su vez partido en dos en el siglo XIV para formar el valle de Guesálaz, que literalmente quiere decir "Salado", topónimo alusivo al modesto arroyo que naciendo dulce en la falta de la sierra, se sala con los manantiales que afloran en el corazón diapírico de Muniáin-Salinas de Oro, donde al cabo de los siglos aún continúa extrayéndose sal con la ayuda del buen sol del verano.

El próspero País de Deio, con su población estable desde muy temprano, hubo de asumir en cambio el riesgo de cruzar por él una importante vía romana, la que de Varea, en el Ebro, subía hasta el nudo de Curnoniun, en Los Arcos, lugar en el que un ramal partía hacia Santa Cruz de Campezo (Alava) y el otro hacia Pamplona, con enlace por Lezaun con la que venía de Roncesvalles por la Barranca. Cruzaron las legiones; muchos de los cuales, los licenciados de las guerras, llegaron a establecerse por buena parte de la comarca, y cruzaron los Bárbaros que penetraron por el Pirineo a comienzos del siglo V, sembrando desolación y muerte por doquier. Mayor trascendencia representó el paso de los moros hasta mediados del siglo X, ya desde aquel 714 de la expedición por el Ebro de los arietes Musá y Tarik, cuando deciden interrumpir temporalmente la marcha a tierras de Galicia con el afán de descubrir qué existía hacia el centro del solar de la actual Navarra. De aquella decisión derivó el primer histórico encuentro de musulmanes y campesinos vascones, probablemente ya conocidos como navarros, que tan mala impresión causaron en el cronista Ibn Idari: "Musá conquistó el país de los vascones y penetró en él bastante lejos, hasta encontrarse un pueblo semejante a las bestias". Es rigurosamente incierta tal conquista cuando sólo hubo toma de contacto. No hay acuerdo entre historiadores y estudiosos al respecto; alguno ha defendido que se trataba de una penetración por tierras alavesas, pero quedaban éstas muy apartadas de la ruta a Galicia, amén de lo que suponía los arduos accesos por los estrechos desfiladeros. Lo más probable es que el histórico encuentro se llevase a efecto por el País de Deio, en un campo en el que faenaban los hombres en la recolección del cereal, pero no más allá del entorno Monjardín-Montejurra. Lo hace suponer el hecho de que éstas eran las únicas tierras fuera de los dominios del conde Casius, a la sazón comprendidos en el interfluvio Aragón-Arga, coincidiendo con los meridianos de Ejea de los Caballeros (Zaragoza) y Tafalla, Olite y Caparroso, las cuales tuvieron que ser respetadas por Musa y Tarik, no en vano el renegado había jurado sumisión al Islam.

Algo más de medio siglo después, en el 781, cruzó por Deio el emir Abderramán I al frente de un gran ejército que se disponía a "restaurar su prestigio en las tierras del Pirineo devastando Pamplona y la comarca de los vascones" (Lacarra), soliviantados estos, juntamente con los moros oscenses, a raíz de la estrepitosa derrota de la retaguardia carolingia en los desfiladeros de Roncesvalles. Pero no sería hasta los años comprendidos entre el 850 y el 855 cuando los Banu Qasi toman conciencia firme de la importancia que tenía dominar las tierras degenses. Musa ibn Musa, el moro Muza de la leyenda, el que se hacía llamar "Tercer Rey de España" (tras el emir Muhammad I y el rey Ordoño I) traslada la sede gubernativa de Tudela al valle de Iregua (La Rioja), donde funda la ciudad de Albelda y fortifica la disputada Viguera, decisión que iba a permitirle llevar a cabo con mayor asiduidad ataques a Álava y Castilla desde el nudo vial de Curnonium. Inexplorado por entonces el cuadrante suroccidental de Navarra, es muy factible que aquel personaje se viese tentado alguna vez a cambiar de dirección y avanzar hasta el corazón de la comarca de Deio, y tomando como límite el río Ega debió de prestarle atención al Monjardín como el lugar idóneo en el que alzar una fortaleza que iba a constituirse en nueva frontera septentrional de Al-Ándalus. No mucho después, ya las crónicas habían empezado a dejar constancia escrita de la disputada fortaleza, que en el 872 obraba en poder de Fortún ibn Muza, hijo y sucesor de Musa, y que pasados diez años, en el 882, poseía otro notable Banu Qasi, Muhammad ibn Lubb, conocido por "Ababdella", quien no tarda en cederla a Ismail, hijo de Fortún, pero aquel hacer y deshacer en la Frontera Superior no fue del agrado de Córdoba, que veía constantes muestras de insumisión y osadía, lo que motivó el envío al Ebro de un ejército que arrasa en buena parte el territorio de Deio, aunque sin conquistar "ninguna ciudad ni ninguna fortaleza", según el cronicón del Albeldense.

Notas

(1)-------------Martín Duque, Angel. Príncipe de Viana, nº 217, pag. 414.

 
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